miércoles, 8 de enero de 2020

Artículo firmado por A. Gómez Yofre



Rubén Silva Sarmiento nació el 7 de agosto de 1930 en la Capital Federal, era hijo de Tomás de Jesús Silva y de María Andrea Sarmiento, tenía varios hermanos y una hija de su primer matrimonio.
Por línea directa estaba entroncado y venía de la familia del autor de Facundo, don Domingo Faustino Sarmiento, lo que no pregonaba, ni batía el parche, como otros tirifilos que quieren hacer creer que vienen de abolengo y lo gritan a los cuatro vientos. Por otra rama venía emparentado con el general Lucero, pero nada de éstos oropeles le quitaban el sueño o llevaban por el camino de la vanidad. El abrevó en la copa fina de cristal y otras veces calmó su sed en un tosco jarro de lata, compartiendo con la pobreza de un amigo castigado con el rebenque de la vida.


Su abuela fue Antolina Lucero Sarmiento, todos estos datos fueron publicados en el Diario La Nación el 7 de septiembre de 1998.
De chico como tantos muchachitos de familia católica, fue monaguillo, pasó el tiempo y quizá el olor del incienso le trajo reminiscencia o una luz que llevaba oculta en lo más íntimo, lo hizo un día volver a la Iglesia y entró en el Ministerio de Dios como seminarista.
Lo he visto acompañado de otro seminarista con el largo ropaje color gris.
Pero poco duró su encuentro con su afán sacerdotal. Un chispazo de amor a primera vista que le despertó una jovencita, que solía ver los domingos en misa, lo devolvió a su casa cargado de ilusiones. Con el correr del calendario, un día se enteró que aquella joven había tomado los hábitos de novicia. Esto él me lo contó que fue su primer desencuentro con la vida que lo fue empujando por distintos caminos.
Se ubicó arriba y abajo siempre iba repechando alguna duda para dar una opinión sin sopesar el contenido, eso lo hacía justo. Usábamos el mismo código, el respeto y la amistad.
Su paso por los Municipios arranca en 1987 en Morón hasta 1991 en la Dirección de Cultura y al nacer el nuevo distrito de Ituzaingó en 1995 el primer Intendente del Partido el vecino Don Alberto Daniel Descalzo lo llama para estar al frente del Departamento de Cultura. Pasa el tiempo y el Señor Descalzo es reelecto para un nuevo período y el Señor Silva Sarmiento sigue en distintas funciones como hombre de confianza del Sr. Intendente, como su fuerte es el tango empieza a dar charlas en distintos lugares, lo que es volver a la fuente de sus comienzos en los tablados porteños, como lo hacía allá por sus mocedades. El toma el lunfardo con devoción de iniciado y lo suelta con las manos abiertas, donde se arriman seguidores para continuar en esa brecha.
Teníamos previsto iniciar una audición por Radio Contacto el 6 de mayo lo que después de su desaparición se corrió para el 20 del mismo mes de 14 a 16 horas, todos los días martes su título “AL COMPAS DE MIS RECUERDOS”, promocionado por la Revista RUMBO y fomentando el crecimiento de la Asociación de la Colectividad Española y descendientes afincados en Ituzaingó. Lo que seguiré hasta el fin de mis fuerzas.
Rubén era la voz cantante en todos los festivales que se llevaban a cabo al aire libre en nuestras plazas. Contó con su autorizada palabra y la gracia picaresca para presentar a ciertos números y cuando el artista era de relieve ya músico cantor o personaje tenía un señorío y un aplomo de un auténtico presentador de estrellas.
El fue siempre un agradecido de la vida, no guardaba rencor a nadie, para él todos eran buenos hasta que con alguna trastada le demostraban lo contrario y cuando esto ocurría inexorablemente le subía la presión, esa presión que lo acompañó hasta el fin de sus días.
Nos conocíamos de muchos años, vivíamos a nueve cuadras y desperdiciamos esa vecindad hasta que un día en una fiesta en el GEI nos encontramos en el mostrador de la confitería y un amigo común nos invitó a compartir una mesa. Cuando nos despedimos quedamos en vernos para hacer algo juntos separados de la rutina municipal.
La otra entrevista fue en La Terraza y allí me dijo:  -al fin nos encontramos!- yo había leído cosas suyas que me gustaron pero no sabía cómo invitarlo, siempre lo veía pasar hasta que aquella mañana que usted fino con una dama que estaba por sacar un libro. Este y unos encuentros fue aumentando una linda amistad que duró toda su vida.
Eran los primeros días de abril, una mañana lo noté preocupado, tenía que ir a La Plata para una revisación y me dijo: -amigo, no las tengo todas conmigo, no hay días parejos, hay veces que pienso que me están llamando. Yo lo tomo en joda, mi mujer me tranquiliza, pero estoy cansado de los pinchazos, créame que hay momentos que no sé si llegaré para ver asumir el tercer período de Descalzo y agregó: -usted no sabe cómo lo distingue-. Le contesté, no hay dos sin tres, estoy seguro que sigue, pero usted déjese de macanas que tenemos muchas cosas para hacer, yo a Ituzaingó cada día lo veo más lindo, cómo se va a ir? … Pero se fue!
Pienso que estas palabras mías son producto de la amistad que sin proponerlo una noche cualquiera a la luz de la marquesina de un teatro nos saludamos y después el tiempo, infatigable caminador hizo el resto.
Pasaron años y nos volvimos a encontrar porque los dos éramos parte de este Ituzaingó que aprendimos a querer. Un día me dijo: “Ud. Tiene que representar a nuestro Municipio Ituzaingó en la Feria del Libro en la Exposición Rural” y con una combi fuimos con la escritora Liliana Sullivan, de ahí se acrecentó nuestra amistad.
Rubén Silva Sarmiento falleció un 24 de abril, el artículo va firmado por A. Gómez Jofre, periodista, escritor, poeta, historiador, editor de la revista “Rumbo” que circuló en Ituzaingó durante varios años, creador de la distinción Ricardo Guiraldes otorgada a personalidades del pueblo.